Azabache

Yo nunca había pronunciado mamihlapinatapai o esas palabras nuevas que surgen y que significan amores grandiosos. Tampoco había vivido con alevosía uno, de aquellos que te parten el alma en dos y hay besos de película con banda sonora y todo. Hollywood es lo que tiene, y el amor romántico-patriarcal, también.

Pero en aquel tugurio irlandés escuché su nombre y fue lo más parecido a amor grandioso que había conocido. Tenía los ojos negro azabache, como los de Platero. Y desde ese preciso instante, hablando un inglés con más acentos que los que la Real Academia permitiría por sílaba, escribimos nuestro propio García Lorca.

 

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Fenómeno paranormal

A veces me digo a mi misma que hay alas que no se comparten, que hay aleteos capaces de inundar Haití y soplos que sonrojan a vírgenes. La inocencia perdida, lo valores sesgados, el amor a medias de rejilla.

 
A veces me digo a mi misma que ya no hay risas que suenen en el mismo tono, que ya no hay duetos como Plácido Domingo y Monserrat Caballé, solo egoísmo que ahonda precipicios entre las personas.
Vivimos rápido, fugaces pero sin estrellas, pensando en el tiempo que no tenemos y que sin embargo, podemos tener.Si paras. Si disfrutas. Si no piensas tanto. Condicionales y futuros que no llegarán si no comprendes, si no entiendes, que eso que te humedece los pies son las lágrimas de otros que no explotaron la vida como se merecía. Con ahínco, con locura, con libertad. De la que huele a melocotón, a librería antigua, a sexo, a saliva, a sudor, a amor, a mar Cantábrico.

A veces me digo a mi misma que ya no hay personas con las que pueda exprimir la vida como yo quiero. Pero me miento, porque las hay, las he visto. Fenómeno paranormal.

Cosas de seres humanos

Creo que no tiene fe.
Ni en la humanidad ni en la galaxia ni en nada que rodee a cualquier corazón bombeante.
Y si no tienes fe, en algo, en cualquier cosa… ¿Qué te queda?
¿Tú mismo?
El miedo es una sensación muy extraña y ella ha llegado a entender su misterio. Pasan muchas horas charlando y conociéndose, hasta a veces piensa que en su más oscura existencia tiene parte de verdad, de belleza, de pura emoción.
Porque el miedo es innato, tiene muchas caras y siempre se le trata como algo malo. Véncelo, dicen.
Ella se pregunta el por qué. Si en realidad esa opción existe o si es cómo la energía, que no se destruye sino que se transforma.
Ella ha tenido muchos miedos, han ido cambiando a la par y ha podido vivir con ellos, superarlos y hacer hueco a otros. Pero al fin y al cabo, siempre han sido parte de su ser.
¿Y qué pasaría si ella fuera como él? Si ahí dentro de toda esa profundidad hubiera algo de arte, de realidad pura, si de entre todo ese dolor pudiera emerger pasión e incluso, sin saberlo a ciencia cierta y con mucho esmero, fe. De nuevo, ciega, absoluta, en todo lo que te rodea.
Qué harías si tuvieras la certeza de qué ella es capaz de regar esa parte de tu alma arriesgando todo en lo que crees creer, por su oscuridad, aún sin tener un contrato firmado y sellado que te asegure que resucitará tus geranios o te hará sentir de nuevo la cálida sensación del mar. ¿Lo harías? ¿O tienes miedo?

Por eso no tiene fe. Porque seguís haciéndoos esa misma maldita pregunta una y otra y otra vez. Inconscientemente.

Ella admitió acongojada que ahora hasta ella misma se lo pregunta. Acongojada porque nunca antes lo hizo. Dolida, consigo misma pero herida, sobre todo, por los demás.
¿Cuando fue la última vez que hiciste algo sin pensar en el resto, en el mundo? Sólo siguiendo tu instinto y tus impulsos.
Así que no es tan extraño que ella dejara de hacerlo, tiró la toalla junto al pincel que solía usar para adornar la ilusión. Dice que ya no tiene tiempo, que no le llena, que no le gusta.
Pero yo sé que es porque se siente incómoda si no tiene el miedo alrededor.

Costumbre. Rutina. Cosa de seres humanos. Qué se yo.
Porque, y eso os lo puedo jurar, he visto como brillaban sus ojos cuando bailaba en la cocina al son de Etta James y cómo se disipaba la neblina cuando su trigueño cabello caía sobre sus labios, riendo, viviendo. Sin pensar. Porque en su tormenta hay calma, hay truenos y mucho ruido, pero huele a lluvia, a la humedad de la tierra mojada, y a fresco y vivo. Y huele a miedo, de ese que sólo siente el ser que sigue vivo, el que niega que tiene fe, el que hace que merezca la pena calarse hasta los huesos, porque hace que vuelvas a sentir que te corre la sangre por las venas y te late, aún más fuerte, el corazón.

Insuficiencia amatoria

Me gusta el arte, pero ya no pinto. Me gusta la moda, pero no la sigo.
Me gustan las parisinas, pero no soy francesa.
Me gusta ser lo que aspiro y observo por la mirilla, pero amor, yo nunca seré ni quiero ser, todas aquellas de las que te enamoras durante un minuto. Jamás alcanzaré todo lo que tu guardas en los estantes de tu habitación ni ingestaré cualquier palabra absurda que salga de tu boca después de que hagamos el amor.
Deberías tener en la pared los retratos en blanco y negro de todas aquellas musas de las que te enamoras cuando vas por la calle. Deberías comprarte un corazón más grande para que quepan cada día los trescientos sesenta flechazos que tienes. Deberías tributar de amante, porque nadie como tu ha amado tan fuerte y con tanta locura, nadie ha convertido el dolor en arte, ni el arte en sexo ni el sexo en abstracción. Y la pena de las mujeres que fueron cazadas por tus pupilas adornará su escuálido cuerpo como cicatrices que nunca fueron herida ni amantes que fueron cuidadas.

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Poética y masoquismo

Si tuviera que elegir un tacto que se pareciera al de tu aliento sobre mi espalda no encontraría tan siquiera viento levantino que te igualara. Si tuviera que describir cómo me haces sentir cada vez que tu lengua toca fondo no podría ni siquiera expresar ese brillo que me inunda.
Ya no puedo distinguir entre un aterrizaje en tiempo o de emergencia, no sé si caigo o si vuelo y si caigo quiero romper cada nota que eriza tu cuerpo cuando me acerco. Cómo tu calor apaga cada miedo que supuran mis heridas y esos ojos negros tristes que me dicen que me quede aunque tu no me vayas a buscar.

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Querido remitente

Querido remitente:
Hace tanto que no te escribo que se me ha olvidado hasta la yema de tus dedos. Sólo venía a decirte que estoy bien o por lo menos mejor que antes. Así que gracias, supongo.
Ya no lloro, o por lo menos no de la misma manera. Ahora lo hago porque estoy cicatrizando y escuece, pero duele menos que cuando estaban abiertas. Supongo que lloro porque lo tengo dentro y las personas lloran cuando en algún momento no lloraron lo suficiente.

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Qué esperar de una mujer rota

¿Qué esperar de una mujer que está rota por dentro y no fía abrazos?
No soy buena para ti, ni para ti ni para nadie.
Y tú tampoco lo eres.
Si eres una mujer sin alma la vida fluye más lenta pero sin dolor, ¿qué vas a esperar de una mujer que ya no tiene carne virgen que fustigar?
Nada.
No puedes esperar nada, sólo tiempo. Y tiempo es una medida demasiado inexacta, demasiado efímera. Ya nadie espera por nadie. El amor son emoticonos y fotos en la Torre Eiffel. Ya no hay abrazos para quienes desean una cura, aunque sea del que menos le conviene. Ya no hay caricias por debajo de la nuca ni Romeos que ronroneen bajo las ventanas. Las Julietas se marchitaron y ahora solo aman la luz cenital de la luna.
¿Qué vas a esperar de una mujer que lame sus propias heridas? Soledad.

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Metástasis.

Creo que sin poesía no podría existir ni cama ni mundo que te albergara.

Ni un albergue de almas perdidas, ni pérdidas de sueño cuando te sientas a mi lado. 
Ni creencias firmes, ni firmamentos, ni firmas de consentimiento para dejarte ir.
Creo que sin poesía no podría existir ni bocas ni tactos que te desearan. Ni deseos profundos de querer amarte.
No te preocupes por mi, me las apañaré solo, construiré un invernadero donde cultivar tu esencia, y tal vez, con suerte y con esmero, florezca una mariposa que tenga tus mismas pecas.
Que me deje pecar cada noche con tu ausencia,
de luto por sus alas, aquellas que me cortaste al irte del nido sin avisar.
Prometo regarla y cuidarla, prometo envolver mis lágrimas en crisálidas que cuelguen en el desván. 

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La armonía de los polos opuestos

Hacía mucho tiempo que no escribía, que no te escribía.
Supongo que es el sino de los poetas, el escribir sólo y cuando tienen algo que decir.
Y qué silencio más vacío.
Y qué impertinencia por mi parte el compararme con un artista, cuando yo siempre he sido musa de nadie.
Es incomprensible en la manera en la que necesito expresarte lo que siento porque me desbordo, cuando en realidad, te escribo porque tengo una nada en mí.
Y lo peor de todo es que me asusta, me asusta amarte y rechazarte al mismo tiempo, me asusta no saber quien eres y sin embargo verme reflejada en ti. Continue reading “La armonía de los polos opuestos”